
Las fundaciones de Navarra cuentan con patronatos con un gran potencial para la filantropía y con capacidad de multiplicar su impacto positivo en nuestra comunidad debido al elevado nivel de competencias y la diversidad de las personas que los componen, aunque se hace necesario seguir profesionalizando la gestión de las mismas.
Se trata de entidades lideradas por personas con un fuerte compromiso social y bien relacionadas con su entorno, según se ha sacado a la luz en los focus groups celebrados por la asociación Fundaciones de Navarra y en los que se están trabajando propuestas para el próximo Plan Integral de Economía Social.

En estos encuentros se ha destacado que Navarra es una comunidad con una Ley de Fundaciones que tiene en cuenta los valores que les son propios, incluidos la igualdad de género, y también se ha avanzado en normativa fiscal.
Así mismo se percibe una sensibilidad social y una buena consideración por parte de los diferentes partidos políticos respecto a la Economía Social, destacando la creación por parte de Gobierno de Navarra de un departamento que la incluye y una dirección general específica. También en la UE se está dando un mayor impulso a este modelo basado en las personas a través del Plan de Acción Europeo de Economía Social.

En este sentido es de destacar la creciente colaboración público-privado que representa una importante oportunidad para que las fundaciones puedan cumplir sus objetivos. Una sensibilidad que se percibe en las empresas respecto a la Responsabilidad Social Corporativa, aunque luego no siempre se traduzca en acciones concretas, por lo que aquí existe un importante campo de difusión y de acción por parte de los patronatos y representes de fundaciones.
También hay importantes oportunidades en el ámbito del desarrollo de la financiación participativa, el impulso a la cooperación territorial y las nuevas necesidades de la ciudadanía de apoyo en el ámbito social, de cuidados y educativo. Además las tecnologías, siempre que se trabaje para no generar desigualdades entre las grandes y pequeñas, pueden servir para fortalecer a las propias fundaciones y su labor.
Entre las amenazas que se han detectado está la tendencia al recorte recursos públicos dirigido al sector fundacional, que afecta al desempeño de actividades con un fuerte impacto positivo en la sociedad y a lo que se une una disminución en el porcentaje de los resultados económicos que las empresas dedican a la responsabilidad social.

En concreto es de destacar que la ley de fundaciones de ámbito foral introduce obligaciones de obligado cumplimiento sin dotar de recursos a los protectorados, que son los organismos que deben prestar apoyo a las mismas para llevarlas a cabo. De hecho esta figura tiende a estar infradotada.
Frente a estas amenazas se hace necesaria una mayor adaptación de las fundaciones a las nuevas formas de trabajo como son la digitalización, la optimización de la gestión e incrementar la colaboración con entidades externas proveedoras de servicios.
Así mismo sería necesario crear mecanismos que permitan obtener datos sobre el sector fundacional navarro y analizarlos, favorecer el conocimiento sobre el modelo que tienen las Administraciones Públicas y la incorporación de personas jóvenes a los patronatos, así como fomentar una mayor participación social.

